domingo, 7 de noviembre de 2010

La noche de los bastones largos

Un hecho lamentable para la cultura argentina fue la decisión de, el 29 de julio de 1966, intervenir las universidades nacionales, cuyo régimen tripartito era, en la opinión militar, una invitación al desorden y a la infiltración izquierdista. No se tuvo en cuenta el alto prestigio que habían alcanzado las universidades estatales gracias a la libertad de cátedra, ni se imaginó la repercusión internacional de estos hechos.
Durante "la noche de los bastones largos", el episodio más violento de la intervención, la policía apaleó a estudiantes, profesores, visitantes extranjeros y autoridades de la Facultad de Ciencias Exactas (UNBA) por hacer una asamblea desafiando el edicto restrictivo de las reuniones públicas. La intervención y el fin de la autarquía derivaron en una pérdida de valores intelectuales de primera fila que emigraron hacia otros centros de altos estudios. Mucho ya no volvieron al país. Las carreras de Psicología y de Sociología blanco de las críticas más virulentas, quedaron desmanteladas por renuncias en el claustro docente. Se trataba de especialidades "sospechosas" de incitar a la reflexión sobre la desigualdad social desde la perspectiva del análisis marxista.













La dictadura tenía fines determinados para con la Universidad Pública Argentina: poner fin a la autonomía universitaria y la libertad de cátedra; silenciar las críticas; escarmentar la rebeldía estudiantil; exterminar todo tipo de pensamiento libre; y, no menos importantes para ellos, bajar el “gasto” en educación.


Algunos de los profesores afectados fueron:











Documental: La Noche de los Bastones Largos 30 años después 
Autor: Sergio Moreno 
http://www.mediafire.com/download.php?jjewrty2vgn 



TESTIMONIOS:
"Aquella noche estaba en la ocupación de la Facultad de Filosofía y Letras. Hubo una irrupción de la infantería que, en mi caso, resultó en un golpe en la cabeza que me dejó desmayado en el patio: yo recibí efectivamente la visita de un bastón largo. Y esos minutos de desmayo significaron un cambio muy importante en mi reflexión sobre la universidad y el país... Hacía cuatro años que había entrado en la universidad y vivía de algún modo el encantamiento de la autonomía universitaria. De modo que el chichón en mi cabeza fue un alerta sobre lo que iba a pasar en el país. Una cicatriz que a la luz de lo que fue la siguiente dictadura generaría una suerte de melancolía por los golpes pasados... En aquel momento tomé con un sentimiento de pena muy profundo la renuncia de muchos de nuestros profesores. La irrupción de las armas del Estado en los patios y las aulas de la universidad dio paso también a las medidas de vigilancia: mi fotografía estaría desde entonces en manos del personal de vigilancia y era considerado persona no grata. Lo que tengo dificultad para decir es que aquella irrupción policial me llevó a sumarme a los que creían en la necesidad de construir una realidad que superara a la universidad aislada... En la punta de aquellos bastones había diversas hipótesis de construcción del conocimiento. El palazo hizo vibrar mi cabeza y me llevó a rechazar tanto a aquella irrupción policial como a quienes habían sostenido una universidad cientificista pero idílica. A tientas, fui de los que intentaron construir un realismo nacional y popular, de forma balbuceante intentamos seguir la lucha política en la universidad, ocupando cátedras... Aquel golpe despertó un realismo social militante, una veta política que empezó a llamarse tendencia nacional y popular y que pronto vería con entusiasmo la lucha con las armas, un período que hoy amerita una profunda reflexión... Fue muy importante para mí aquel bastonazo. El desmayo duró muy pocos minutos, pero significó uno de esos hechos que se recuerdan como un quiebre en la vida propia." 




"Yo era profesora de biología celular en la vieja Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, que estaba en la calle Perú. Todavía no existía Ciudad Universitaria. Me acuerdo que esa noche el doctor Rolando García nos dijo: "Que nadie se vaya a casa porque se va a hacer una reunión de los profesores. Parece que se viene una revolución". Como era de noche, dije: "Voy a llamar a mi casa a mi marido y mis hijos para avisar que llego más tarde". Por suerte, los teléfonos de la facultad no andaban. Y me fui a hablar desde los teléfonos de una confitería. Cuando volví, vi que había una doble fila de policías y que los estaban sacando. Había un celular y estaban empujando a los doctores Manuel Sadosky y García adentro. Y los escuché gritar: "¡Hay más profesores, vayan adentro a buscarlos!". Entre los profesores, estaba yo, pero no me encontraron. Me salvé por milagro. Me salvé por el teléfono que no funcionaba. Me tomé un colectivo enseguida para mi casa. Llegué con un susto terrible y miré si estaba toda la familia. Perdí el cargo de profesora y todo cambió. Yo había sido nombrada por el doctor García después que cayó el peronismo y vino Risieri Frondizi, que me reconoció el título italiano. Yo era de Turín y vine a la Argentina cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Pero después de esa noche, no volví más a la Facultad de Ciencias Exactas. "



"Esa noche estaba en la Facultad de Filosofía y Letras y la noticia no nos sorprendió. Esperábamos con expectativa la intervención y hasta nos parecía raro que, a un mes de asumir, Onganía todavía no hubiese tocado la universidad. Teníamos conciencia de lo que se venía, por entonces yo militaba activamente en el Frente de Izquierda Popular. Trabajaba como jefe de trabajos prácticos de Filosofía de las Ciencias y, al igual que todos mis compañeros, tuve que renunciar, aunque no estaba de acuerdo con esa decisión. Para mí había que quedarse a defender la facultad. A medida que pasaban las horas, iba llegando gente de Exactas que nos contaba lo que estaba pasando. Era terrible. Hacían formar fila a los profesores, los hacían salir y los golpeaban uno tras otro. Se notaba que no había una planificación por parte de los militares, no eran demasiado hábiles y tampoco tenían mucha información de lo que pasaba en las facultades. Iban al bulto, sin tener un conocimiento puntual de lo que querían combatir. Se hicieron preconceptos y actuaban en función de éstos. Pero sin duda, la noche de los bastones largos fue un anticipo de lo que pasaría en el ‘76. Para mí fue un golpe terrible, desde esa noche casi no pise la facultad hasta el ‘84. Estuve 18 años sin participar de la actividad docente en Argentina." 
Juan Carlos Onganía

"Sáquenlos a tiros, si es necesario. ¡Hay que limpiar esta cueva de marxistas!" La orden la pronunció hace cuatro décadas el jefe de la Policía Federal, Mario Fonseca, obedeciendo con rigor vertical el mandato del general Juan Carlos Onganía

11 comentarios:

  1. jajaja esta bueno "TU" blog eeeh jajaja!!!ehhh muuy flojo, tenes una foto de juan carlos ongania pero no una de juan carlos pelotudooo!!!

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  3. mi nombre es benito camela... no voy a la salette, no soy yair...!!

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  4. youporn.com/pussysandpussys muy bueno

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  5. www.youjizz.com/vergota jaja ese es bueno para estar instruidos acerk de lo sucedido

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  6. La enfermedad de Chagas, mal de Chagas-Mazza (debe su nombre a los médicos Carlos Chagas y Salvador Mazza) o tripanosomiasis americana, es una enfermedad parasitaria tropical, generalmente crónica, causada por el protozoo flagelado Trypanosoma cruzi. Trypanosoma cruzi es miembro del mismo género que el agente infeccioso causante de la enfermedad del sueño africana, y el mismo orden que el agente que causa la leishmaniasis, pero sus manifestaciones clínicas, distribución geográfica, ciclo de vida y su vector son considerablemente diferentes.
    El reservorio natural lo constituyen los armadillos, marsupiales (Didelphis o zarigüeyas), roedores, murciélagos y primates silvestres, además de ciertos animales domésticos como perros, gatos, incluso ratas (Rattus rattus) y los cobayos; es transmitida al hombre comúnmente por triatominos hematófagos como el Triatoma infestans (estos insectos llevan varios nombres de acuerdo al país, entre ellos, benchuca, vinchuca, kissing bug, chipo, chupança, barbeiro, chincha y chinches), el cual transmite el parásito cuando defeca sobre la picadura que él mismo ha realizado para alimentarse; también puede transmitirse por transfusión de sangre contaminada, por la ingesta de alimentos contaminados por el parásito o verticalmente de la madre infectada al feto. El insecto que transmite esta enfermedad puede infectarse si pica a una persona que tenga la infección, y así adquirir la capacidad de seguir propagando este parásito.

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  11. Diego, la verdad es que quedó muy bueno. Lo único que le agregaría es una síntesis tuya explicando por qué elegiste unir dos temas (que coinciden en educación) y el rol del Estado en ese momento.
    Igualmente está aprobado.
    Nos vemos en cualquier momento
    Marcela

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